Vivac en Vallina

por Juan David Dueñas Moyano el  25 marzo, 2014 |
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Llevábamos tiempo queriendo hacer un vivac, así que después de darle muchas vueltas nos decidimos por hacerlo en Vallina. Estudiamos su inmensa topografía y localizamos una sala que podría servirnos para tal propósito.

Una semana antes de la prevista para el vivac, Pablo y yo nos acercamos hasta Vallina para localizar in situ la sala que habíamos visto en la topo. En esta pequeña expedición tuvimos que vaciar la estrecha gatera que se encuentra en la entrada a Vallina, para esta penosa labor hay un bidón azul atado con una cuerda y una esponja, de forma que uno se introduce al principio de la gatera, llena el bidón y otro, fuera de la gatera tira del bidón lleno.

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Llegamos a la sala de el Chunnel en apenas una hora, este era el sitio que teníamos pensado para el vivac, el suelo era de arena, no había corriente de aire y la temperatura no era demasiado baja. Habiendo localizado esta sala finalizamos la expedición y nos fuimos a casa.

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Una semana después nos cargamos hasta los dientes con tiendas de campaña, comida y todo lo necesario para hacer un vivac y nos dirigimos a la sala de el Chunnel.  Eramos 11 personas, compañeros del GEL de Logroño, del GEMA de Vizcaya, alguno de Burgos y los de Cota Mínima. Esta vez el recorrido desde la entrada de Vallina hasta la galería del vivac se hizo algo más largo debido a la cantidad de material que porteabamos. Montamos un vivac de lujo y preparamos algo para comer.

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Después de comer teníamos pensado adentrarnos en las profundidades del sistema de Vallina, por lo que, cómo si se tratase de una excursión más, preparamos el petate y emprendimos ruta. Nuestra idea era atravesar una maraña de galerías a modo de laberinto y llegar a las gigantescas salas que se encuentran en el corazón del sistema, concretamente a la Sala del Torbellino o Sala Pin. 

Bajamos el pozo de 12-18m que nos deja en un nivel intermedio y empezamos a recorrer pequeños túneles que nos dejan en un nuevo pozo de 13m. Aquí tenemos dos caminos, uno hacia la salida de Nospotentra y otro que nos adentra en la cavidad. Tomamos este último y poco a poco nos adentramos en un laberinto en el que se hace imprescindible topografía, brújula y buena orientación. Nos dirijimos a la Sala del Dragón, algunos adivinan rápidamente el porqué de su nombre.

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Seguimos ruta y llegamos al estrecho meandro Camino a Ninguna Parte. Aquí la progresión es lenta pues las paredes se juntan bastante y tenemos que hacer malabarismos para avanzar.

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Atravesado el Camino a Ninguna Parte llegamos a El Cañón, una zona con preciosas y abundantes formaciones que nos paramos a fotografiar.

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El Cañón nos deja ya en una zona de amplias galerías por dónde avanzamos rápidamente, el suelo es de arena y la progresión es muy cómoda, no es extraño que esta galería se llame Camino a la Gloria, pues después de pasar el meandro el contraste es evidente. Rápidamente llegamos a nuestro objetivo final; La Sala Pin. Se trata de una sala de proporciones colosales.

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Nuestra topografía no da para más, y se va haciendo tarde, así que habiendo conseguido nuestro objetivo emprendemos el camino de vuelta. Esta vez no está en el exterior de la cueva, si no en la galería de El Chunnel. Llegamos a “casa” a las 11 de la noche y sentimos una extraña sensación cuando llegamos a nuestro “nuevo hogar” pero nos reconforta igualmente. Preparamos una generosa cena para reponer fuerzas y después de unas cuantas historias nos metemos al saco. El silencio es tan absoluto como la oscuridad, aunque el silencio se rompe rápidamente con los ronquidos dispersos por la sala.

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La mañana siguiente la dedicamos a instalar los pozos encadenados de 12-18m que habíamos bajado el día anterior y que sirven para realizar la travesía Vallina-Nospotentra.

Desmontamos el campamento y nos dirigimos a la salida de Vallina, después de más de 24 horas en la oscuridad salir a la calle te transmite una sensación de volver a nacer, la luz molesta y la abundancia de colores se procesa de otra manera, el contraste es brutal. Nos quedamos con una maravillosa experiencia, rodeados de muy buena gente y una cueva espectacular.

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